Georges Méliès, el mago del cine

En primera instancia hay algo que nos hace pensar que lo creativo es nuevo, recién descubierto o inventado. Que la creatividad es el ahora. Por supuesto tal idea no es más que una ilusión, y el cine es la gran prueba de ello.

Metrópolis (1927) conjuga la técnica y la imaginación de forma prodigiosa. El hombre de la cámara (1929) es una lección de montaje apabullante. Pero entre toda la cinematografía de finales del siglo XIX y comienzos del XX, la del francés Georges Méliès es sin lugar a dudas un acto de ilusión y deleite, una reivindicación de la magia del cine, una mirada (con muchos años de antelación)  a la modernidad y al modo en el que más adelante muchos otros autores usarían la gran pantalla para invitarnos a viajar por mundos de fantasía.

Georges Méliès era amante de las artes, el teatro y el ilusionismo, y todo eso lo trasladó de forma magistral al cine, en un momento en el que el invento de los hermanos Lumière apenas y se estaba dando a conocer. Su primera proyección fue en abril de 1896, a partir de ese momento produjo gran cantidad de pequeñas cintas en las que se revela como su técnica fue evolucionando poco a poco.

Georges Méliès

Este francés maravilloso se ha convertido en un referente de montaje y efectos visuales cinematográficos, siendo el pionero de algunas técnicas audiovisuales hoy en día muy implementadas, como los fundidos a negro, exponer múltiples veces el mismo negativo o usar las películas como una vía para la imaginación.

Pero sin duda hay dos cosas que hacen a Georges Méliès inconfundible: realizar filmes que emulan actos de ilusión, en los que ponía a sus actores con distintos elementos y luego detenía el rodaje y los colocaba nuevamente con otros objetos, para que tras el montaje el efecto final luciera como si las cosas aparecieran y desaparecieran; y sus filmes a color, así como se lee.

En una época en la que todo el cine era en blanco y negro, Méliès decidió innovar con una idea increíble: pintar a mano cada fotograma para darle color a la cinta. A lo largo de su carrera realizó más de 500 películas cortas, siendo Viaje a La Luna su cinta más emblemática.

Georges Méliès

Los cambios en la industria del cine y los conflictos de la primera guerra mundial, hicieron que este genio cinematográfico decidiera retirarse en 1913, dejando tras de sí un legado maravilloso que todos los cinéfilos podemos disfrutar. A comienzos de los años 20, tras haber caído en un completo olvido, el director de un periódico de cine lo reconoce y lo invita a mostrar nuevamente su trabajo. Gracias a esta iniciativa muchos de sus filmes han llegado hasta nuestros días después de una importante restauración.

Hoy, Georges Méliès sigue siendo considerado como lo que siempre fue: un mago del cine, un ilusionista y un maravilloso soñador, referente imprescindible para todos los que amamos la imagen en movimiento.

Débora De Sá Tavares

@deboradesat

 

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