Cómo surge una idea en nuestro cerebro

Estás buscando la solución a algo o puede que simplemente estés distraído sin pretender encontrar nada concreto. Y de repente, cuando menos lo esperas, llega un sonido, una imagen, palabras sueltas. Tu cerebro comienza a trabajar a toda velocidad, estalla una asociación de conceptos y de forma precipitada (y un poco cliché) se enciende el bombillo: la idea ha sido concebida.

Todos alguna vez hemos tenido una buena idea, pero poner en palabras el proceso de cómo surge una idea en nuestro cerebro resulta todo menos sencillo, y es que a muchos de nosotros nos cuesta dar con las claves para estimular la creatividad o identificar los procesos que nos ayudan a crear. Menos mal que para este tipo de tareas tenemos a la ciencia, siempre lista para descubrir qué hay detrás del órgano más complejo y misterioso de nuestro cuerpo: el cerebro.

surge una ideaCómo surge una idea en nuestro cerebro

La zona de nuestro cerebro que se enciende cuando surge una idea es la corteza cingulada anterior, y aunque las neuronas que se encuentran en esta zona pueden activarse en cualquier momento, es más frecuente que ocurra cuando estamos contentos, por eso existe una relación tan estrecha entre el buen humor y la creatividad.

Las ideas son la respuesta a un problema o situación concreta, por eso cuando necesitamos resolver algo lo que ocurre es que el cerebro comienza a realizar asociaciones y trazar patrones con la información que hemos aprendido de nuestro entorno. En este proceso de conexión de elementos las neuronas se ponen en marcha con una meta clara: hacer que surja una idea.

Cuando el cerebro encuentra esa idea (que puede ser o no buena) las ondas cerebrales entran en acción para transmitir la información, iniciando su actividad en la corteza frontal derecha del cerebro. Estas ondas, según las observaciones de los investigadores, se encienden en nuestro cerebro ocho segundos antes de que nosotros mismo sepamos que surge una idea, es este el tiempo que nuestro cerebro demora en transmitir toda la información para que conscientemente podamos decir la clásica frase “¡tengo una idea!”

Claro que lo que no puede garantizar tu cerebro es que siempre se trate de una idea genial, pues no hay que olvidar que  trabajamos con asociaciones del mundo que conocemos o que están en nuestro imaginario. Por eso mantenernos en constante contacto con nuestro lado creativo, alimentando también la parte intelectual, puede ayudarnos a que el bombillo se nos encienda con más frecuencia.

Dèbora De Sá Tavares

@deboradesat

 

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